Estas dos garantías son la base de la integridad electoral: el voto es secreto para proteger al ciudadano de represalias, y el escrutinio es público para que todos puedan verificar que se contaron correctamente.
Ejemplo práctico
Nadie puede obligar a un ciudadano a revelar su voto ni fotografiar el sobre votado; al mismo tiempo, cualquier fiscal de partido puede presenciar el escrutinio y cualquier ciudadano puede acceder a los resultados mesa por mesa.